Acopio II.

Sábado.

Ahora que vivo en Almagro y, digamos que, soy independiente (encontré un perfume de cuando tenía ocho años y lo estoy usando, no se si voy a dejar de ser niña alguna vez, pero bue, obviemos este dato). Me levanté sabiendo que tengo mucho que escribir. Me quedé remoloneando en la cama, mirando un poco de internet y escuchando algo de música.
Di mil vueltas para salir, y me pasé por el cajero, que para mi orgullo personal, llegó a fin de mes con un poco de plata adentro.

De premio decidí que me iba a ir a almorzar afuera y me acordé de un lugar a una cuadra de casa que se llama “El rincón orgánico”, donde se come muy sano y está decorado con sillones y cosas orientales que están tan en boga hoy en día. (De a poco voy descubriendo que habito un barrio de edificios, un poco oscuro, pero muy canchero y en la onda). En fin. La cosa es que dirigiéndome hacia este lugar, dispuesta a gastar 70 pesos en un almuerzo, me sentí muy fuerte y autosuficiente. Justo a media cuadra antes de llegar, escucho unas guitarras que me llaman la atención. Pienso que una banda está ensayando en algún lado y me enorgullezco por lo bien que suenan. De toque descubro que no, que nada que ver. La música viene de un auto que está siendo estacionado por un señor canoso con cara de feliz. Me quedo mirando el coche, porque creo que está buenísimo. No entiendo nada de autos y ni a palos podría decir la marca. Pero es lo suficientemente viejo, cuadrado y azul como para que me muera de ganas de alquilárselo y usarlo para la peli. Me decepciono mucho por no poder realizar mi deseo. La música me sigue llamando la atención, tengo mucha ganas de saber qué es. Paso por al lado del auto rápido. “Y qué?” pienso. “Qué es lo peor que me puede pasar? Ya fue, lo hago, ya fue.” me respondo. Entonces vuelvo unos pasos para atrás, me acerco a la ventanilla. Ya empezaba a sentir el calor que me subía desde el estómago. Obvio que mi cara estaba roja como un tomate. Qué más. La cuestión es que el señor canoso con cara de feliz se tomó el trabajo de bajar el volumen de la música (realmente estaba al palo) y me mostró el CD de la banda. Hasta tuvo la gentileza de contarme que lo había comprado en el Zivals de Corrientes y Callao. Que si iba ahí y buscaba “Chile” entre los países, seguro que lo podía encontrar. Después juntos intentamos darnos cuenta cual era la canción que sonaba en ese momento específico, porque él no se acordaba el nombre.

Nada, soy muy tímida. Una vez me quedé durante todo un bar mitzvá encerrada en un baño porque no conocía casi a nadie y me daba mucha vergüenza bailar. Es en serio. Para mí haber hablado con el señor desconocido canoso cara feliz y haber descubierto el nombre de la banda que toca la canción que me gustaba fue toda una odisea. Como lo logré, y ahora soy independiente autosuficiente y en mi cajero todavía hay un poco de plata, voy a disfrutar cada bocado de mi wok de pollo hipster combinado con limonada y jengibre.

Y me voy a hacer fan del equipo que sea de almagro y voy a tratar de aprender más sobre los autos viejos y sus marcas.


(la canción era esta y lo que me gusta más que nada es cómo empieza)

2 comentarios:

miss japón dijo...

yo en realidad venía a aplaudirte por las ficciones de más abajo, pero me parecía muy entrometido comentarlo ahi. entonces, desde las sombras y todo en minúscula, así pasa más desapercibido, te felicito acá.
y que te quiero, te quiero.

Unknown dijo...

J, Ai vas!

Welcome